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¿Hay vida después de la muerte?

Más Allá de la Ciencia nº 225

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  1. Vida despues de la muerte
  2. Fascinación y desencanto
  3. La mente sobrevive a la muerte
  4. Retorno del pasado

La vida no sabe nada de la muerte; su imperativo es perdurar. El fundamento de las creencias religiosas parece surgir de ese juego polar y trágico entre la vida y su final. ¿Pero acaso hay un fin? Los cultos tradicionales prometieron cielos indefinidos e ingenuos que no se corresponden con la vastedad y la complejidad de la existencia cósmica. ¿Hay un más allá de la muerte?

Dentro de cincuenta años la mayor parte de los más de 6.000 millones de habitantes del planeta habrán muerto. Si no hay grandes conmociones y la cultura moderna occidental continúa expandiéndose, esa desaparición se volverá invisible. La muerte se ha convertido en un hecho oculto, íntimo y discreto, en una civilización que parece decidida a ignorarla. No hay tiempo para exequias o duelos: los teléfonos móviles no dejan de sonar en los entierros. La vida, que no quiere saber nada sobre su final inevitable, observa el futuro con gafas distorsionadas y pierde rápidamente la memoria. Aun las grandes figuras públicas se sumen en el olvido con increíble rapidez; después de todo, para la Naturaleza no cuentan los individuos sino la especie, los grandes números y el proceso de continuidad biológica. Si miramos hacia el pasado, la mayor parte del legado arquitectónico del mundo antiguo –templos y tumbas, entre los que destacan sobre todo las pirámides de Egipto (MÁS ALLÁ, 222)– tuvo como tema central la transitoriedad de la vida, la muerte y la firme creencia en algún tipo de Más Allá. Hace veinte milenios los “primitivos” neandertales enterraban piadosamente a sus muertos, hecho singular que avala la hipótesis de que la conciencia humana despertó con la comprensión de su propia finitud. Sólo los miembros de nuestra especie sufrimos horror y angustia extrema ante los cadáveres en descomposición de nuestros semejantes. En las pocas culturas arcaicas que sobreviven, los enterramientos de parientes cumplen el múltiple propósito de ocultar ese horror, preservar los huesos y mostrar respeto a la posible supervivencia de un doble psíquico o espiritual.
Si hay algo común a todos los pueblos y a todas las tradiciones son las creencias en algún tipo de “vida” después del último suspiro. Cielos disímiles, infiernos eternos como el Hades griego, paraísos donde las huríes danzan para los héroes, promesas de resurrección de la carne en el antiguo Egipto o en el cristianismo, metempsicosis o transmigración animal en las creencias chamánicas, viaje al territorio de los antepasados en la antigua China, reencarnación en el hinduismo y el budismo... La variedad es enorme, como también lo son los cambios del “imaginario” a lo largo de los siglos.

El más allá y la crisis religiosa


En las versiones exotéricas de las tradiciones judeocristiana y musulmana, nacidas de un mismo tronco bíblico, la vida es una suerte de aprendizaje y prueba que conducirá a un premio o a un castigo póstumo y definitivo. En la ética de Perogrullo, los buenos irán al cielo y los malos se pudrirán en un infierno eterno.
Esta ortodoxia no ofrece segundas oportunidades, pero tampoco consigue que los fieles sientan atracción por el cielo prometido. En la imaginación popular, una eternidad tocando el arpa junto al barbudo Dios Padre no es un premio que apasione después de tantas incógnitas, temores y sacrificios.
Existe, por supuesto, un cuerpo teológico complejo detrás de estas versiones simples, un juego intelectual que tampoco alcanza a conciliar la promesa del cielo y la resurrección de la carne y el misterio del Dios exterior que nos excluye de su ser.
Gran parte de la decadencia religiosa tradicional de los últimos tiempos reside no sólo en la pobreza de los cielos prometidos, sino en las doctrinas que preconizan el empobrecimiento y la devaluación de la vida (el valle de lágrimas) ante una muerte “liberadora”. Los humanos que anhelan la vida eterna y desestiman la mortificación de la carne han comenzado a huir de esos premios de beatitud perpetua, fantasmal y petrificada. El espíritu vital aspira a la intensidad, a la plenitud y a la duración; aspira a la inmortalidad consciente y sólo puede concebir la muerte como una transformación.
Los siglos XIX y XX constituyeron quizá el mayor período de encuentro y fusión de creencias en la cultura occidental. Se produjo un trasvase no siempre feliz de filosofías de Oriente a Occidente, lo que dio origen a corrientes “espiritualistas” muy confusas que se mezclaron con la creencia popular de que el alma no sólo continuaba viviendo después de la muerte, sino que mantenía las características –buenas y malas– de su poseedor. Los muertos no sólo perduraban en una realidad extraña y ultraterrena, sino que podían actuar en el mundo real, manifestarse a través de hechos físicos o expresarse a través de cuerpos prestados para tal fin. El espiritismo fue un movimiento pseudocientífico que nació en Estados Unidos a mediados del siglo XIX y que más tarde derivó en sistemas filosófico-religiosos que alcanzaron gran difusión, como la Filosofía armónica creada por Andrew Jackson Davies, que publicó sus primeros escritos en 1844.

El fenómeno espiritista se trasladó de forma casi fulminante a Europa; las “escuelas” espiritistas hicieron furor en Francia e Inglaterra y crecieron exponencialmente en la Rusia prerrevolucionaria, hasta tal punto que Lenin dedicó muchos de sus escritos a contrarrestar su influencia política.
Era la época de las mesas que bailaban, de las sustancias ectoplasmáticas, de las fotografías de presuntos espectros y de la fascinación morbosa por el Más Allá. Aunque la mayor parte de las sesiones constituían un fraude, otras abrían inquietantes hipótesis sobre la supervivencia del “alma”: algunos “espíritus” desencarnados relataban hechos que sólo el muerto podía haber conocido. ¿Significaba eso que el médium era “ocupado” por el difunto o que accedía, sin saberlo, a una fuente de información o memoria impersonal? Y, si era así, ¿por qué surgían regularmente temas o datos no resueltos sobre la muerte o aspectos de la vida que estaban pendientes de resolución?
Si bien algunas asombrosas respuestas de los “muertos” convencieron a muchos notables investigadores sobre la supervivencia psíquica después de la muerte, el hecho de que los espíritus no pudiesen dar cuenta de en qué mundo estaban o cómo era el lugar donde supuestamente permanecían volvía a oscurecer toda la cuestión. Respuestas vagas como “en la luz” o “en las sombras” no apuntaban a un Más Allá coherente, sino a una esfera de disolución psíquica y una extraña supervivencia de memorias, semejante a las descripciones del Bardo Thodol o Libro tibetano de los muertos. ¿Se trataba de un purgatorio?
En 1854 el francés Hippolyte Léon Denizard Rivail, que firmaba como Allan Kardec (MÁS ALLÁ, 79), incorporó la idea oriental de reencarnación a la doctrina espiritista. Esta “orientalización” alcanzaría su máxima expresión en las obras de la fundadora de la Sociedad Teosófica, la rusa Helena Petrovna Blavatsky (MÁS ALLÁ, 146 y 175), que afirmaba recibir mensajes y enseñanzas de maestros espirituales desencarnados –los mahatmas– sobre el origen y el destino final de la humanidad.
En realidad, el ideario de Blavatsky sólo tomó de la cantera hindú la terminología y las creencias superficiales, pero construyó un sistema que parecía responder a las preguntas más angustiantes sobre el destino último de los espíritus o las almas. Su Doctrina secreta pretendía aclarar todos los misterios y, por tanto, tranquilizar a sus creyentes. Extendía una garantía de origen sobre el carácter inmortal e inevitablemente evolucionista del alma humana: que reencarnaría todas las veces que fueran necesarias hasta alcanzar la “sabiduría divina”. Pero Blavatsky no fue muy precisa al describir en qué consistía esta sabiduría con la que concluiría el ciclo. Era un juego que prometía, como muchas religiones, un premio final. ¿Pero acaso hay un fin?

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13 comentarios a "¿Hay vida después de la muerte?":

  • sandra (Anónimo)  dice (23 / 07 / 2010):

    si hay vida despues de la muerte. despues que el ser humano muere adquiere un cuerpo ya sea para condenacion o para vida eterna .solo en vida tu decides donde quieres ir o al cielo o al infierno

  • jesus manuel (Anónimo)  dice (21 / 07 / 2010):

    En efecto la muerte existe, pero es solo un proceso por que el que algunos pasaremos. Ahora bien despues de la muerte por supuesto que existe algo mas un cielo nuevo(vida nueva) o bien una condenacion eterna. Yo creo en lo que la biblia me dice, si no lean la parabola del pobre y del rico. Amigos no es ignorancia. La ciencia trata de explicar las cosas, pero cuando no las puede explicar las tacha de inexistentes. Despues de la muerte existe una eternidad.

  • MONICA (Anónimo)  dice (29 / 06 / 2010):

    NO HABRA MUERTE SIEMPRE QUE UNO CREA EN CRISTO SIEMPRE QUE TENGAMOS FE NADIE MORIRA PARA SIEMPRE POR QUE ES LA ENSEÑAZA DE CRISTO CON SU RESURRECCION NOS INVITA A CREER EN UNA NUEVA VIDA Y ETERNA DESPUES DE LA MUERTE TE AMO CRISTO GRACIAS POR AMARNOS

  • adi2002 (Anónimo)  dice (16 / 05 / 2010):

    la muerte no es lo que tantas personas crean o intentan creer. la muerte es como entrar en un armario y cambiar de ropa. es un cambio del ámbito. el hombre comienza su existencia en el vientre de su madre. después de nueve meses cambia su modo de vida, sale del vientre y entra en este mundo porque el tiempo de preparación para esta vida ha concluido. lo mismo pasa con esta vida terrenal. cuando estamos preparados para la vida eterna, salimos de aquí y entramos en el lugar eterno.

  • juan (Anónimo)  dice (29 / 04 / 2010):

    Despues de la muerte, no hay nada es el fin de la vida, por algo se llama muerte, que es la extincion de la vida, cada comentario que leo, solo refleja la ignorancia de las personas, si hubiera una vida eterna después de la muerte me parecería aburrida, ¿ vivir para siempre? tendria sentido esto? si hubiera vida despues de la muerte no se llamaria muerte, se llamaria la segunda vida o algo asi, para los que piensan en la reencarnacion, sería algo inutil, te reencarnas en otra persona , serías una n ueva persona, no sabrias nada de tu vida anterior y de tus experiencias, seria algo absurdo.
    saludos.

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