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EL LABERINTO CÓSMICO DE CHARTRES



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EL LABERINTO CÓSMICO DE CHARTRES

Más Allá de la Ciencia nº 223

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Muchos templos de la antigüedad fueron orientados con gran precisión en función de determinadas posiciones estelares, lunares o solares con objeto de transmitir un mensaje que perdurara a través de los siglos. Esa clase de “textos” llegaron incluso a inscribirse en las catedrales góticas. Se los conoce como “milagros de la luz” y su ejecución es sólo uno de los muchos enigmas que Javier Sierra recoge en su nuevo libro, La ruta prohibida. En la misteriosa Chartres (Francia) se encuentra su mejor ejemplo.

Hoy es el “milagro de la luz” más célebre de Occidente y, sin embargo, no saltó a la fama hasta 1965. Ese año un prometedor escritor francés llamado Louis Charpentier recaló por casualidad en el pueblo de Chartres, a orillas del río Eure, el 21 de junio. Era lunes y Charpentier, ingenuo, pensó que sería una jornada tranquila para merodear por su impresionante catedral, ubicada a tan sólo 90 kilómetros de París. Lo cierto es que nuestro autor tuvo mucha suerte. Justo cuando entró en el templo, cerca del mediodía, un grupo de vecinos se arremolinaba expectante en un rincón de la nave sur de la catedral a la espera de un prodigio. “Quédese–le dijeron–.Aquí va a ocurrir algo.” ¡Y vaya si ocurrió!

A las doce en punto un rayo de sol atravesó un pequeño orificio circular practicado en el vitral de San Apolinar e iluminó la única piedra del enlosado que parecía fuera de lugar. Era una loseta rectangular, pulida, que parecía más nueva que las demás. El haz de luz marcaba así, con solemnidad, la efeméride astronómica del día: el inicio del verano. Aquello le impresionó de veras. ¿Qué genio del pasado fue capaz de pergeñar semejante sincronización entre piedra, vidriera y luz solar?, se preguntó Charpentier. ¿Qué conocimientos futuristas atesoró ese artesano del que nadie recuerda su nombre?

Hoy, cuatro décadas más tarde, el prodigio sigue repitiéndose puntual con cada nuevo solsticio. De hecho, ya es toda una atracción turística. Y nadie cuestiona que buena culpa de ello la tuvo el relato que poco después publicaría aquel afortunado escritor: fue él quien se prometió recoger en un solo libro los numerosos misterios de esta catedral y quien descubrió que el templo no sólo se había diseñado como un reducto para el espíritu; también fue un reloj de alta precisión.

EL ERROR DE CHARPENTIER
Durante décadas El misterio de la catedral de Chartres se convirtió en la obra de referencia para acercarse a ese y otros enigmas del templo. Se tradujo a varios idiomas –entre ellos, español, inglés, alemán e italiano– y pronto apareció mencionada en revistas y monografías especializadas. Su capítulo inicial, dedicado al encontronazo de su autor con el “milagro de la luz”, enganchó a miles de lectores. Pero su autor se equivocó. En efecto: la prueba de que tras la construcción de Chartres se escondían mentes prodigiosas no fue nunca aquel fenómeno solar. Se tardaría un tiempo en descubrir que ese portento de la orientación no fue en absoluto obra de los arquitectos originales del siglo XIII, sino de un avispado clérigo del XVIII, cuando la astronomía ya era una ciencia muy desarrollada, existían brújulas y telescopios y los cálculos de las posiciones estelares y solares estaban a la orden del día. El rayo del vitral de San Apolinar nunca fue, pues, la “manecilla” de un gran y misterioso reloj medieval de piedra.

Hoy sabemos que fue en 1701 cuando el canónigo de la catedral, Claude Estienne, mandó perforar aquella vidriera a una altura bien calculada para instalar un llamativo “meridiano” astronómico. Durante un tiempo aquel hallazgo me decepcionó. Dejé de lado todo lo relacionado con las catedrales y sus “secretos”. Arrinconé mis lecturas y me dejé llevar por la rabia contenida de quien se siente víctima de un espejismo. Y no fui el único. Tras la popularización del “milagro de la luz” en la década de 1960, el padre Yves Delaporte, irritado por las oleadas de peregrinos que acudían cada 21 de junio a “su” templo, llegó a decir del prodigio que no era más interesante que “ver llegar el tren de París-Le Mans a la estación de Chartres a la hora prevista en los horarios”. Delaporte arremetió contra Charpentier defendiendo la idea de que en esa catedral no había otro misterio que el de la fe. Estuve a punto de creerle. Pero, por suerte, una nueva visita al lugar me sacó de ese error.

MILAGRO DEL LABERINTO
He estado muchas veces en Chartres a la caza de sus misterios. Incluso tras descubrir el fiasco del “milagro de la luz” he sentido en varias ocasiones la necesidad de regresar. Y es que durante su investigación sobre el templo Charpentier no sólo se fijó en ese fenómeno luminoso a fecha fija, sino que descubrió que, junto con las principales catedrales góticas de la Champaña francesa, Chartres forma parte de un diseño geométrico enorme que dibuja sobre el suelo francés el perfil de la constelación de Virgo (MÁS ALLÁ, 133). Aquél era otro hallazgo sorprendente. Colosal. Sólo su confirmación bastaría a cualquiera para aceptar que aquella primera catedral gótica, aquel increíble prodigio arquitectónico, se concibió gracias a conocimientos geodésicos y astronómicos impropios del Medievo. Pero yo necesitaba algo más, una confirmación de que quienes levantaron esa bella seo gozaron de conocimientos anacrónicos para su época. Por eso regresé. Con semejante idea en la cabeza, un día de primeros de agosto de 2004 me dispuse a rastrear por enésima vez su interior en busca de otras evidencias astronómicas. A las dos de la tarde mi “objetivo” estaba casi desierto. La gran obra del obispo Fulberto, el visionario del año 1000 que diseñó aquellos muros sobre los restos de un santuario pagano, impresionaba de veras. ¿Habría grabado Fulberto alguna estrella, alguna constelación que confirmara la vocación celestial del templo? ¿Descubriría algún otro “milagro de la luz” que hubiera pasado desapercibido al inefable Louis Charpentier?

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3 comentarios a "EL LABERINTO CÓSMICO DE CHARTRES":

  • titania bririesca (Anónimo)  dice (12 / 05 / 2010):

    ese tipo de fenoimeno se observa con frecuencia en piramides prehispanic as en america.
    el mismo fenomeno de entgrar una luz por cierto orificio y lque incide jsobre cierta area, sucede tambien cada inicio de solsticio en tulum quintana roo.

  • Pedro Antonio (Anónimo)  dice (29 / 03 / 2010):

    Segun el libro"Druida", no recuerdo el autor, justo donde se encuentra esa catedral, se encontraba el arbol sagrado, q era el centro druidico de toda la Galia, pero al invadir los romanos la galia debieron hacer desaparecer todo o casi todo vestigio, fisico y abstracto de la cultura gala. Y ya ni te cuento la iglesia catolica, con la misma filosofia q heredaron d los romanos. Pienso q ese sitio sera un centro importante de energia telurica, q es donde se solian construir iglesias y centros de fe. Y donde anteriormente al cristianismo, se reunian las gentes para conectarse con el universo.
    Un saludo.

  • Zaida (Anónimo)  dice (14 / 07 / 2009):

    hola! He vivido dos años en Chartres (hace ya más de diez) y me acuerdo que me contaron que ya no dejan que la gente haga el camino del laberinto, porque no querian que alguna gente hiciese magia negra, que ya había ocurrido. No se si es cierto o es un bulo de estos que le gusta contar a la gente. Sabe algo? Gracias.

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