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EL LABERINTO CÓSMICO DE CHARTRES
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¿Diseñaron los constructores de Chartres ese vitral para que cada jornada, a las tres de la tarde, la Virgen recorriera el pasillo y se aproximara al Paraíso, al cielo representado por el laberinto circular? Fuera de la iglesia, bajo esas mismas ventanas, se tostaba una escena en piedra que tenía mucho que ver con lo que yo empezaba a interpretar. Era como si el programa simbólico que iba desgranando gracias a la interacción del Sol, el vidrio y la piedra encontrara su refrendo en las estatuas del exterior.
En efecto: en los umbrales izquierdo y derecho del Pórtico Real de Chartres pueden admirarse la dormición y la Asunción de la Virgen a los cielos. Si el laberinto era, como sospechaba ya, una metáfora del firmamento, ¿no aludiría ese efecto óptico de las tres de la tarde a la Asunción de la Virgen y su viaje al reino celestial?
¿Acaso no fue Chartres el primer gran templo cristiano dedicado a Nuestra Señora? ¿Y no sería ese reflejo sobre el suelo, diario, constante, el fruto del ingenio de algún astrónomo colosal de la Edad Media?
El corazón se me aceleró. Faltaban sólo unos días para el 15 de agosto, fiesta de la Asunción. Entonces se me planteó una duda que me electrizó. La Virgen de la mandorla no alcanzaba por poco el corazón del laberinto, pero ¿lo haría precisamente ese señaladísimo día del año? ¿Sería ése, y no otro, el verdadero “milagro de la luz” de Chartres?
EL SECRETO DE CHARTRES
Tuvo que pasar un tiempo hasta que pude comprobar si mis sospechas eran acertadas. Me llevé los datos de esas observaciones a casa y, tras calcular que el 15 de agosto el reflejo de la vidriera tampoco alcanzaría el centro del laberinto, me olvidé del asunto. Sólo la confirmación de que los dos cetros en las manos de la Señora significaban que había sido representada como reina del cielo y la tierra consolaron en parte mis desvelos. Esa imagen era, sin lugar a dudas, toda una metáfora cósmica.
Pero es que, como Charpentier en 1965, también yo disfruté de mi dosis de suerte.
Aunque tardé en conocerlo, un estudio realizado doce años antes de mi visita por dos expertos en arte había recogido parcialmente este asunto. Y no sólo eso: también había dado con una respuesta muy ingeniosa al “milagro lumínico” que había presenciado. Su trabajo cayó en mis manos de un modo peculiar, en una vieja librería de Londres, en el invierno de 2006.
El estudio en cuestión era obra de John y Odette Ketley-Laporte y había sido publicado en 1992 por un pequeño editor de Chartres. Basándose en sus observaciones del “prodigio de mediodía”, descubrieron que el reflejo de la magnífica Señora de la mandorla azul alcanza el centro del laberinto cada 22 de agosto hacia las tres de la tarde. En esa fecha y esa hora la imagen de la Virgen suspendida en su vidriera a 31 m de altura recorre inexorable la distancia idéntica que la separa del laberinto. Es un milagro... geométrico.
22 de agosto. Anoté la fecha con cuidado.
Si hubiera sido el 15 de agosto, todo habría encajado a la perfección. Pero era el 22. Y, aunque el calendario litúrgico católico conmemora ese día la festividad de Santa María Reina de los Cielos –¡advocación más que oportuna para una Señora con dos cetros!–, esa celebración no fue instaurada hasta después del siglo XV. Por tanto, hacia el año 1220, cuando Chartres fue terminada, el 22 de agosto tan sólo era el día de San Fabricio.
¿Tenía alguna explicación semejante desfase de una semana en la que yo suponía la alineación perfecta entre la vidriera y el laberinto? Los Ketley-Laporte la encontraron. El error no estaba en la alineación en sí, sino en el calendario. El asunto merece una explicación: más de trescientos años después de terminarse las obras de la catedral de Chartres, el papa Gregorio XIII decidió modificar el sistema de cómputo del tiempo que regía a la cristiandad desde la época de Julio César. Se dio cuenta de la existencia de un serio desfase de no menos de diez días en los cálculos astronómicos del año, lo que causaba serios problemas a la hora de marcar el inicio de la Semana Santa, una fiesta móvil que establece siempre el domingo de Pascua justo después del primer plenilunio tras el equinoccio de primavera de cada año. Así pues, el papa Gregorio decidió “borrar” diez días de la Historia. De la medianoche del jueves 4 de octubre de 1582 –en el calendario juliano– se saltó a la madrugada del 15 de octubre en el nuevo sistema calendárico.
Diez días, pues, “perdidos”. Casi los mismos que separaban el 15 del 22 de agosto. Casi. Pero, en este caso, hasta ese “casi” tiene su explicación.
En el siglo XIII el desfase del calendario juliano debió de rondar sólo una semana. Así que, restando al 22 de agosto el equivalente a los siete días corregidos por Gregorio XIII que definen nuestro calendario actual, la fecha en la que en 1220 entraba el reflejo de la Virgen de la Vidriera en el laberinto era, exactamente, ¡el día de su Asunción a los cielos! Ahora sí, todo encajaba. El laberinto cumplió, pues, una función de primer orden en aquel lugar, marcando una vez más su estrecha relación con lo celestial, lo divino. Si yo estoy en lo cierto y ese reflejo del vitral de la Virgen ingresando en el centro del laberinto es un símbolo de la llegada de Nuestra Señora al Reino de los Cielos, el dédalo de Chartres es toda una “puerta cósmica”. Un prodigioso mecanismo simbólico cuyo significado se olvidó con los siglos, pero que, ajeno a nuestra ignorancia, sigue cumpliendo con la preciosa función para la que fue diseñado en época de templarios, griales y tablas redondas.
* Este artículo ha sido adaptado y resumido del libro La ruta prohibida y otros enigmas de la Historia (Planeta), de Javier Sierra.
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ese tipo de fenoimeno se observa con frecuencia en piramides prehispanic as en america.
el mismo fenomeno de entgrar una luz por cierto orificio y lque incide jsobre cierta area, sucede tambien cada inicio de solsticio en tulum quintana roo.
Segun el libro"Druida", no recuerdo el autor, justo donde se encuentra esa catedral, se encontraba el arbol sagrado, q era el centro druidico de toda la Galia, pero al invadir los romanos la galia debieron hacer desaparecer todo o casi todo vestigio, fisico y abstracto de la cultura gala. Y ya ni te cuento la iglesia catolica, con la misma filosofia q heredaron d los romanos. Pienso q ese sitio sera un centro importante de energia telurica, q es donde se solian construir iglesias y centros de fe. Y donde anteriormente al cristianismo, se reunian las gentes para conectarse con el universo.
Un saludo.
hola! He vivido dos años en Chartres (hace ya más de diez) y me acuerdo que me contaron que ya no dejan que la gente haga el camino del laberinto, porque no querian que alguna gente hiciese magia negra, que ya había ocurrido. No se si es cierto o es un bulo de estos que le gusta contar a la gente. Sabe algo? Gracias.