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Monográfico: Horóscopo 2010

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Elaborado por los prestigiosos expertos del equipo de Más Allá, dirigidos por Carmen S. Fraile, Javier Sierra y Clara Tahoces.

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Historia ignorada: Caballeros almogávares, los mercenarios y piratas de la Corona de Aragón

Más Allá de la Ciencia nº 250

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  1. Caballeros almogávares
  2. Los almogávares piratas
  3. El nombre lo dice todo

¿Soldados de infantería, caballeros de una prestigiosa orden militar, simples piratas de mar...? Los almogávares despertaron pasiones y temores en una época, la Edad Media, en la que la fe y las sangrías más abyectas discurrían juntas sobre el filo de una afilada espada.

Durante los siglos XIII y XIV el Levante español y, por extensión, las zonas de influencia en el mar Mediterráneo fueron el escenario del auge de una misteriosa orden de caballería con grandes vínculos con la del Temple. En palabras de Guillermo Rocafort, autor de la novela La misión secreta (Esquilo, 2009) y uno de los máximos expertos en esta orden, “hay un gran desconocimiento sobre su origen y ha estado recubierta por un halo de misterio durante siglos. A grandes rasgos, se puede definir a los caballeros almogávares como la fuerza de choque o de vanguardia de los ejércitos cristianos en la época de la Reconquista”. Y añade: “Eran una milicia independiente, con sus propios jefes y protocolos militares. Además, los almogávares fueron un movimiento común tanto en Aragón como en Castilla y Portugal. En la Península Ibérica acabaron sus días con la conquista de Granada. Pero su espíritu aguerrido y aventurero les llevó a colmar nuevas metas bélicas en lugares como el norte de África. Más tarde otros decidieron seguir su camino junto a Gonzalo Fernández de Córdoba y Aguilar, el Gran Capitán, hacia Nápoles o incluso a América, de la mano de los conquistadores españoles”. Las partidas de Alfonso X el Sabio hablan del tratado que daba forma a la orden almogávar y presentan una serie de elementos que la ennoblecían. Por ejemplo, en la cima de la estructura estaba el adalid (el “guía”), que tenía tratamiento de caballero, es decir, a la postre se convertía en noble. Esta plataforma fue empleada por personas de origen humilde para llegar a ostentar un título nobiliario ascendiendo en la carrera militar. “Estas pautas de organización ofrecen las pistas necesarias para entender la nobleza de la orden y el buen hacer de sus soldados”, sostiene Rocafort. La falta de causas militares en el continente europeo, que durante décadas habían sido la razón de ser de la orden almogávar, les obligó a emigrar a otros lugares. En muchos casos los que se quedaron cambiaron su papel de soldados libertadores por el de salteadores. De ahí quizá su fama de piratas y bandidos.

Los almogávares temple


Quizá una de las figuras más visibles y conocidas de la orden fue Roger de Flor (1266-1305), misterioso capitán almogávar y uno de los caballeros de la orden del Temple más activos. Es curioso descubrir cómo en la Corona de Aragón estas dos milicias, una religiosa y otra de simples soldados, se compenetraron perfectamente. “Precisamente –continúa Guillermo Roquefort–, la figura que mejor aglutina esta sinergia es Roger de Flor. Nació en Alemania, era hijo del halconero del emperador Federico II y su madre era italiana, nacida en Brindisi. Se españolizó al luchar en Sicilia a favor de la causa de Aragón”.

Después de batallar en España, el emperador bizantino Andrónico II Paleólogo le pidió ayuda para acabar con la amenaza turca en el extremo oriental del Mediterráneo. Con el tiempo llegaría a ser sargento templario para convertirse poco después en el capitán de los almogávares en Aragón. “Se ha especulado sobre si abandonó o no a los templarios. Yo creo que siguió siéndolo hasta el final de sus días. Prueba de ello es que los 10.000 soldados almogávares que él llevó a Constantinopla supusieron, en realidad, una cruzada encubierta, siguiendo así las mismas consignas que los caballeros templarios. Sus hombres estuvieron a los pies del monte Tauro, a la entrada de Tierra Santa”, relata Rocafort. La fama de Roger de Flor fue tal que su contemporáneo Ramón Muntaner escribió sobre él en el siglo XIV, inspirado por las aventuras de este extraño caballero. Posteriormente, en los siglos XV y XVI sirvió de inspiración a los autores literarios de Valencia, como Joanot Martorell, creador de la célebre novela Tirant lo Blanc.

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