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ComentarEnviar a un amigoImprimir Textos Manuel Moros Peña
Los médicos del régimen nazi utilizaron a los presos de los campos de concentración para experimentar todo tipo de atrocidades con el fin de lograr supuestos avances científicos para la “raza aria”. Personajes como Josef Mengele, Sigmund Rascher y Karl Clauberg nunca deberían haber existido. Estos son solo algunos de los ensayos que practicaron.
El 9 de diciembre de 1946 comenzó en Núremberg (Alemania), ante un tribunal militar estadounidense, el Juicio de los Médicos. Según Swearingen, el fiscal general,
los 23 acusados “fueron responsables, cómplices, instigadores o favorecieron las empresas que (desde septiembre de 1939 a abril de 1945) realizaron experimentos médicos en sujetos que no habían concedido su permiso para ello, cometiendo en el transcurso de dichos experimentos homicidios, actos de violencia, atrocidades, torturas, crueldades y otras acciones inhumanas”. Dichos experimentos se llevaron a cabo en personas de nacionalidad no alemana, en prisioneros de guerra y en civiles –judíos y “elementos asociales”– a gran escala y no solo en territorios del III Reich. Por sorprendente que parezca, los acusados eran eminentes profesores y médicos clínicos de los principales hospitales y universidades del país. En mayor o menor grado habían estado implicados en la operación secreta conocida como Aktion T4, que se inició en 1939. Este programa consistió en la eliminación de enfermos mentales, niños con discapacidades hereditarias y adultos improductivos.
“Vidas que no merecían ser vividas”, según el führer. Eran seleccionados por los médicos nazis y llevados sin conocimiento de sus familiares a un “centro de eutanasia” en el que eran ejecutados mediante inhalación de monóxido de carbono y posteriormente incinerados. En agosto de 1941, Aktion T4 ya era un secreto a voces. Las denuncias de los familiares de las víctimas y las enérgicas protestas de varios miembros del clero alemán hicieron que Hitler detuviera la operación. Para entonces, según el Tribunal de Núremberg, habían sido eliminadas unas 275.000 personas. En cierto modo, T4 sentó las bases del horror que vendría después. Legitimó los asesinatos propiciados por el régimen, estableció el sistema para llevarlos a cabo y marcó el inicio de la corrupción de los médicos del Reich. Sin la asesoría, la ayuda administrativa y técnica, y la participación directa de estos médicos, T4 no habría sido posible. De hecho, de todas las profesiones la médica era la que tenía la mayor proporción de miembros del partido nazi. Los médicos que colaboraron en este monstruoso proyecto pertenecían casi en su totalidad a las SS y solo seguían las directrices de un hombre: Heinrich Himmler.
El comandante en jefe de las temibles SS, el reichsfürer Himmler, era un apasionado de las investigaciones. Utilizando como pretexto la gravedad de la situación del país y la falta de medicamentos eficaces, autorizó toda clase de experimentos crueles, demenciales e inútiles. Los campos de concentración, gobernados por una división especial de la Orden Negra, los Totenkopf o “cabezas de muerte”, fueron los laboratorios perfectos. Los prisioneros costaban menos que las cobayas, y había muchos: entre 10 y 12 millones... El ideal del médico nazi no era ayudar al ser humano, sino colaborar con la raza escogida, la “raza aria”, para dominar a las, según los seguidores de Hitler, “razas inferiores”. Desde 1933 hasta 1945 estos médicos, fieles seguidores del régimen, nunca discutieron lo que estimaban su deber. El Juramento de Hipócrates dejó de tener validez para ellos y millares de deportados fueron sometidos a las pruebas más horripilantes para acabar –los que sobrevivían– en las cámaras de gas. El 22 de junio de 1941 Alemania invadió Rusia. En ese momento, si la industria de la guerra precisaba toda la mano de obra disponible, parecía absurdo exterminar a las “razas inferiores” cuando podían trabajar para el régimen. Pero era necesario que la sangre aria, soporte material de las más altas virtudes, no se contaminara. Era necesaria la esterilización de lo que consideraban “subhombres”. Auschwitz, en Polonia, y Ravensbrück, en el norte de Alemania, fueron los campos de concentración elegidos para servir de escenario al desarrollo de un método de esterilización eficiente y barato. En Ravensbrück la administración puso a disposición del doctor Karl Clauberg, un famoso ginecólogo, 200 mujeres de entre 20 y 40 años, casi todas judías. Clauberg se dedicó a inyectarles en el útero mediante una cánula una especie de cemento líquido llamado formalina con el fin de obstruir su sistema reproductor. El experimento se repetía varias veces, con algunas semanas de intervalo. Las inyecciones provocaban terribles dolores a sus víctimas, que en ocasiones evacuaban el líquido mezclado con fuertes hemorragias. Las infecciones eran frecuentes y varias murieron. Las supervivientes fueron llevadas a la cámara de gas. En Auschwitz el doctor Horst Schumann experimentó la esterilización mediante la exposición a altas dosis de rayos X. Durante el mes de septiembre de 1943 un gran número de mujeres de entre 16 y 18 años fueron llevadas por el día a su laboratorio. Por la noche, unos despojos dolientes eran devueltos a los barracones. La exposición les provocaba fuertes dolores abdominales y violentos vómitos. Después se les extirpaban los ovarios para verificar el “éxito” de las quemaduras. Durante la operación las jóvenes permanecían conscientes, pues solo eran anestesiadas de cintura para abajo mediante una inyección intrarraquídea de novocaína. Las intervenciones no duraban más de diez minutos, el instrumental no era esterilizado y el médico operaba sin guantes, por lo que, habitualmente, las heridas volvían a abrirse o se infectaban al cabo de los días. Solo hubo seis supervivientes. Schumann también se interesó por la esterilización masculina. Los escogidos, hombres de entre 18 y 35 años, eran expuestos a rayos X y, con posterioridad, se les extirpaban los testículos para comprobar los resultados. Uno de ellos contó que había podido seguir toda la intervención a través del reflejo en una lámpara quirúrgica. Entre enero de 1942 y diciembre de 1944 Schumann castró a un millar de hombres. En esta época la esterilización por rayos X era conocida a la perfección desde hacía más de 20 años. Se trató, pues, de experiencias no solo criminales sino también inútiles.
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ojala se esten pudriendo en el infierno los nazis y mas el maniatico y loco de hittler.
COMO ES POSIBLE QUE UNA PERSONA COMO ESTA PUEDAN DECIRLE AUN DOCTOR, PARA MI CONCEPTO ERA UNA PERSONA LOCA QUE NO SABIA LA MAGNITUD DEL DOLOR DE LAS PERSONAS Y EL SUFRIMIENTOS DE LOS FAMILIARES DE ESTAS, ESOS NO ERAN EXPERIMENTOS ERAN ATROCIDADES, CREO QUE DEBE ESTAR EN EL INFIERNO EN LA CALDERA MAS GRANDE Y NUNCA DESCANSAR EN PAAZ, MENGUELE PUDRETE EN EL INFIERNO SATANAS
fueron experimentos contra natura sin un objetivo cientifico verdadero parecio mas un pretexto para inflingir dolor y sufrimiento a sus victimas antes de morir, que un proceso cientifico que buscaba beneficios medicos.
dense cuenta que a medida que pasa el tiempo, los experimentos se siguen realizando y de forma mas terrible, estos experimentos no fueron suficientes para ablandar la conciencia humana, hoy estamos en una era de experimentos bacteriologicos a ocultas, con muchas pantallas de humo para distraer ala gente de la realidad.
ciertamente algunos con fines curativos, pero otros con fines de crear un virus que le hubiese dado la victoria en la guerra. solo preguntense como se origino el sida, la gripe porcina, etc abrire una pagina muy pronto en la estare encantado de brindarles informacion mas detallada, mi objetivo es que elmundo se entere de la realidad y el peligro q estamos viviendo, , espero despertar la curiosidad y tener alos mas capacitados para intercambiar ideas etc atentamente doctor J cientifico
josef mengele, me sorprende el parecido a luis miguel?