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Elaborado por los prestigiosos expertos del equipo de Más Allá, dirigidos por Carmen S. Fraile, Javier Sierra y Clara Tahoces.
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1. Nerea Riesco2. Más información
Ars magica (Grijalbo), la última obra de la escritora Nerea Riesco, aborda con gran éxito la etapa de la “brujomanía” basándose en el célebre proceso de Zugarramurdi, que se desarrolló en Logroño en 1610. MÁS ALLÁ ha entrevistado a su autora.
En tiempos remotos las mujeres sabias guiaban a las tribus, crearon la religión, descubrieron el uso de las plantas medicinales, leían en las estrellas y escuchaban el viento. Cuando el concepto masculino del mundo superó al femenino las mujeres sabias pasaron al lado oscuro de la historia con una denominación única y sobrecogedora: brujas. En su novela "Ars magica" Nerea Riesco viaja al norte de la Navarra del siglo XVII, la época de la gran caza de brujas que aterrorizó a Europa y causó miles de víctimas, en especial mujeres. La autora centra su narración en el inquisidor Alonso de Salazar y Frías, uno de los tres jueces del proceso contra las brujas de Zugarramurdi (Monográfico nº 27 Magia en la Edad Media).
¿Qué le dice la palabra “bruja”?
Es un término lleno de contradicciones y ha evolucionado mucho con el paso de los siglos. Pero a comienzos del siglo XVII –que es la época en la que suceden los hechos narrados en Ars magica– que alguien te llamara bruja podía llevarte a la hoguera. Antes la brujería estaba relacionada con la creencia en el Diablo. En la actualidad lo está con la magia. Eso es lo que a mí me evoca. Pienso que la vida lúcida de los seres humanos está regida por un intento de explicarlo todo científicamente. Pero luego, confiamos en la magia para defendernos del miedo, para dar una explicación a lo que queda fuera de nuestro entendimiento.
¿Y la palabra “akelarre”?
Me llamó muchísimo la atención saber que el término “akelarre” fue acuñado a partir del proceso que quería narrar en la novela, el de las brujas de Zugarramurdi (MÁS ALLÁ, 222). Creo que es la palabra en euskera más internacional y, precisamente, fue el inquisidor Juan Valle Alvarado el que identificó el “prado del macho cabrío” con los encuentros de brujos. Hasta ese momento las reuniones de brujos se conocían como sabbath, el séptimo día de la semana judía. Fue un intento católico de “demonizar” las manifestaciones y los ritos de otras religiones.
CAZADORES DE BRUJAS
Su novela gira en torno al proceso desarrollado en Logroño en 1610 –el conocido como “de las brujas de Zugarramurdi”– y sus consecuencias. ¿Por qué ha escogido este tema?
Tenía mucho interés en tratar nuestro deseo de racionalizarlo todo y de encontrar la verdad, que a la vez convive con nuestros pequeños rituales mágicos diarios. Por eso comprendí que lo mejor era escribir sobre un proceso de brujería real. Pero tras informarme sobre el de Zugarramurdi todos los demás quedaron eclipsados. La razón fue Alonso de Salazar y Frías, uno de los tres inquisidores encargados del proceso. Este hombre, pese a ser un severo inquisidor, no creía que hubiese personas capaces de volar escoba en ristre, provocar el pedrisco para arruinar las cosechas o convocar al Diablo, y se empeñó en demostrarlo al más puro estilo CSI del siglo XVII. Para ello utilizó a boticarios para analizar los ungüentos que se decía que las brujas empleaban para volar y a médicos para examinar a las personas que aseguraban estar poseídas por el Maligno. Llevó a cabo interrogatorios exhaustivos que trascribía palabra por palabra.
¿Qué intereses tenían los poderes civiles y religiosos para iniciar una persecución feroz de personas mayoritariamente campesinas y, por supuesto, iletradas en pleno Renacimiento y no antes? ¿O es que no había brujas antes del siglo XV?
Siempre se había perseguido a los magos, aunque, sobre todo en Europa central, no de una forma tan recalcitrante como durante los siglos XVI y XVII, en los que apareció una nueva imagen de la bruja relacionada no con la magia, sino con el culto al Diablo. La invención de la imprenta difundió estas ideas y fomentó la persecución con la edición de ciertos manuales para inquisidores. Entre ellos hay que destacar el famoso Malleus maleficarum, escrito por los dominicos alemanes Jacob Sprenger y Heinrich Institor Kramer en 1487. En él explicaban cómo torturar a las brujas para que confesaran. En el fondo, la caza de brujas no es más que una forma de manipular a las masas.
El protagonista de su novela es el inquisidor Alonso de Salazar y Frías. ¿Qué papel jugó la Inquisición española en este acoso a la sociedad basándose en unas supuestas ceremonias satánicas?
Los Reyes Católicos tenían la firme intención de alcanzar la unidad religiosa en un país en el que durante la Edad Media habían coexistido tres religiones en relativa calma. Para conseguirlo decidieron utilizar a la Inquisición, ya que estaban convencidos de que el pueblo era más fácil de manejar si las personas tenían las mismas creencias. Desde entonces judíos conversos, moriscos y supuestos adoradores del Diablo fueron perseguidos. ¿A quiénes consideraban ellos adoradores del Diablo? Pues a todos aquéllos que tuvieran visos de practicar el paganismo, que en un principio significaba culto a la Naturaleza. Luego la palabra “paganismo” derivó hacia la adoración de todo aquello que no tuviera que ver con el cristianismo.
¿Y el propio inquisidor De Salazar y Frías?
Creo que era un revolucionario de la época. No sólo se dedicó a recorrer durante un año el País Vasco y Navarra para realizar una investigación que avalase su teoría sobre la no existencia de personas con poderes mágicos malignos, sino que elaboró una guía sobre cómo interrogar para que fuera utilizada por los comisarios del Santo Oficio y criticó que se prometieran cargos eclesiásticos que aún no habían quedado vacantes. Gracias a su minuciosidad pude documentar gran parte de mi novela, ya que dejó toda la investigación del proceso contra las brujas de Zugarramurdi recogida en ocho volúmenes que fueron archivados durante cuatro siglos en los sótanos del Santo Oficio hasta que un americano los descubrió. Desde entonces se conoce a Alonso de Salazar y Frías como “el abogado de las brujas”.
PODER Y SABIDURÍA
En su novela deja entrever que, en efecto, existieron mujeres capaces de llevar a cabo hechos llamémoslos excepcionales. ¿Eran tal vez mujeres con una capacidad intuitiva especial o con conocimientos fuera de lo normal?
Esos poderes tienen mucho que ver con la sabiduría a la hora de aplicar con éxito determinadas hierbas curativas. Esa instrucción ancestral, transmitida de madres a hijas, convertía a ciertas mujeres en eruditas en la materia. De hecho, algunos concejos públicos de los siglos XVI y XVII demandaron sus servicios y tenían estipuladas determinadas cantidades de dinero para recompensarlas, lo cual demuestra su profesionalidad.
Hay teorías que hablan de la existencia de una secta femenina heredera de la antigua religión matriarcal que permaneció oculta tras la llegada del cristianismo. ¿Qué opina sobre ello?
Creo que más bien fue una confraternidad entre mujeres. Hay que tener en cuenta que en los pueblos primitivos los hombres salían a cazar mientras las mujeres se encargaban de la recolección. Así fue cómo ellas aprendieron a seleccionar los mejores frutos, a diferenciar los venenosos de los curativos. Los conocían tan bien que terminaron por comprender sus ciclos vitales y descubrieron que podrían llegar a dominarlos. Eso les hizo dejar de depender de la Naturaleza. El control de las plantas las convirtió en semidiosas. Ese dominio de la Naturaleza cambió radicalmente la vida de los seres humanos.
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