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¡Que analicen (otra vez) la Sábana Santa!: así fue el primer día de la “nueva” Síndone

Más Allá de la Ciencia nº 255

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  1. Que analicen (otra vez) la Sábana Santa
  2. A la búsqueda de un rostro
  3. Sin hallazgos

El pasado 10 de abril, en Turín, volvía a mostrarse a los fieles la reliquia más fascinante de todos los tiempos: la Sábana Santa. Javier Sierra estuvo allí acompañando al equipo del programa Cuarto Milenio, y cuenta en una crónica vibrante qué fue lo que vio y sintió al contemplar de cerca al misterioso hombre de la Síndone.

Panorámica de la catedral de San Juan Bautista en Turín, donde se custodia la Sábana Santa, una de las reliquias más importantes del cristianismo.La expectación era contagiosa. Periodistas, fotógrafos y cámaras de televisión venidos de todo el mundo nos arremolinábamos desde primera hora de la mañana a las puertas de la catedral de San Juan Bautista en Turín como si aguardáramos la llegada de alguien importante. Y tal vez estuviéramos haciéndolo. Queríamos contemplar la reliquia más fascinante de la cristiandad: la Sábana Santa. Un lienzo de lino que, si la tradición no miente, envolvió el cuerpo de Jesús hace dos milenios y que, desde entonces, solo se muestra en contadas ocasiones. De hecho, esta vez llevaba una década lejos de los ojos del público y en ese período, de forma discreta, había sido sometida a importantes trabajos de limpieza y mantenimiento que, según las filtraciones, la habían hecho crecer en longitud –cosas del planchado del lino– y en claridad. ¿Qué íbamos a encontrarnos? A mi lado Carmen Porter, subdirectora del programa de televisión Cuarto Milenio y autora del libro Sábana Santa, ¿fotografía de Jesucristo? (2002), está inquieta. No las tiene todas consigo. “Temo que pueda decepcionarme”, dice justo antes de entrar al Duomo. “La Síndone tiene una personalidad muy definida y al retocarla quizá se la hayan robado”. “Lo veremos”, pienso. El lugar en el que nos apostamos se convierte, a eso de las nueve, en un hervidero. Una legión de voluntarios enfundados en chalecos reflectantes morados y ataviados con sombreros tiroleses nos invita a descender por la calle XX de Settembre, enfilar la I de Maggio y dirigirnos a la trasera del templo. Nos indican que ese será el recorrido que desde las seis de la tarde y durante los próximos cuarenta y cuatro días recorrerán los casi millón y medio de peregrinos que han reservado su plaza hasta la fecha. Y lo hacemos, claro. La tensión no puede ser mayor. Las portadas de la prensa local muestran en los kioscos cercanos especiales sobre la Síndone al lado de titulares sobre los abusos sexuales del clero.

Hay quien murmura en sus crónicas para televisión –apenas a un paso de nosotros– que esta ostensión se ha autorizado para desviar el foco informativo hacia cuestiones más amables para la Iglesia. Tal vez no le falte razón. Basta echar un vistazo a los archivos para darse cuenta de que la Síndone se ha expuesto a los fieles solo en ocho ocasiones en el último siglo. Y las últimas tres en un arco de tiempo de solo catorce años. Turín, además, sufre más que ninguna otra ciudad italiana las consecuencias de la crisis. FIAT, su empresa modelo, pasa por uno de sus peores momentos financieros. La prensa anuncia que va a destruir 5.000 puestos de trabajo. Y casi puede decirse lo mismo del resto del tejido industrial local. Una “empresa” como la ostensión podría, pues, aliviar esa presión y animar la economía piamontesa. Pero a las diez y cuarto de la mañana nadie se acuerda de esas cosas. Carmen Porter, acompañada de Iker Jiménez, Luis Álvarez, dos cámaras y quien esto escribe, enfila el pasillo entoldado que zigzaguea hacia la catedral.

“Es emocionante”, susurra Iker a mi grabadora digital. “Hace una década que no veo la Síndone. Quiero saber si me emocionará tanto como en el año 2000”. Y es que, en ese momento, la palabra clave es emoción. Más allá de si ese lienzo de 4,40 x 1,13 m de largo –crecimiento incluido– cubrió el cuerpo de Jesús de Nazaret o fue la creación magistral de un genio de la Edad Media, su contemplación obliga a reflexionar sobre el dolor y la tortura. Sin embargo, a medida que avanzamos hacia el templo surge lo inevitable. Iker estuvo hace diez años en Turín. Yo, hace doce. En mi caso fue en 1998, junto a J. J. Benítez y Julio Marvizón, dos de los entonces más destacados expertos españoles en la Síndone. Y en aquella ocasión los tres contemplamos cara a cara una reliquia que nos conmovió. ¿Y ahora? ¿Afectará su restauración, su “nuevo” rostro, a nuestra forma de sentirlo?


Discurso emotivo


En uno de los requiebros del camino –que se detiene cada dos por tres por culpa de las autoridades que han entrado al Duomo antes que nosotros–, Iker y yo comentamos algo. “¿Te has dado cuenta de que desde 1988, cuando la datación del carbono 14 fechó entre 1260 y 1390 la Síndone, el Vaticano ha ido arrinconando el discurso científico sobre la reliquia, subrayando el emotivo?”. Iker asiente. Carmen, a pocos pasos de nosotros, también. “Es cierto. Pero fíjate en algo más: para esta ostensión no se ha convocado una rueda de prensa que anuncie nuevos descubrimientos, ni siquiera una que explique en detalle la restauración. Solo les interesa lo que pueda inspirar al creyente”, comenta Jiménez muy serio.

Pronto arrinconamos también esos pensamientos y seguimos avanzando. La entrada a la catedral está a un paso. La prensa se excita y cruza en tropel unos tornos metálicos situados bajo dos semáforos en verde y un monitor que marca el número de visitantes. Soy el 249. Al final del día ese mismo monitor marcará 12.140. Una vez dentro del templo, de forma penosa, avanzamos hacia el altar en el que está la Síndone. Al verla, dudo.

“¿Es eso?”, digo mirando a mis acompañantes al distinguir un lienzo limpio, iluminado de blanco, suspendido a unos dos metros del suelo y que parece uno de los pósters de la Sábana Santa, a tamaño real, que se venden a los especialistas. “¡Madre mía! –susurra Iker– ¡Sí lo es!”. Carmen menea la cabeza horizontalmente. Ella no lo tiene tan claro. Y yo comienzo a dudar cuando, de repente, una andanada infinita de flashes y haces de luz cálida de las cámaras de televisión caen sobre la reliquia. Me horrorizo. Hace doce años me prohibieron expresamente –con guardia de seguridad a mi espalda incluido– tomar fotos con flash y hasta apuntar a la Síndone con una linterna.

“La luz daña la imagen. Puede borrarla. Por eso apenas se exhibe”, argumentaron. ¿Y ahora? ¿Por qué permite la Iglesia que torturemos a su mortaja con nuestros focos y no, por ejemplo, que filmáramos en la Capilla Sixtina o los museos vaticanos usando nuestros flashes? ¿Acaso esas obras de arte no son menos importantes para la fe que la tela turinesa?

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3 comentarios a "¡Que analicen (otra vez) la Sábana Santa!: así fue el primer día de la “nueva” Síndone":

  • Maribel Rodriguez (Anónimo)  dice (09 / 08 / 2010):

    La humanidad ha sido tan corrompida, infame, hipocrita, egoista y creida de que no se morira y por ello es que durante estos dosmil 10 años de la llegada de Jesus a esta tierra del mal, muchos gobernantes, ejercitos y politicos y otros delincuentes que han hecho guerras y saqueado todo -inclusive se sigue saqueando e irrespetando el sueño de los difuntos como sucede con las momias de indigenas en peru y piramides por no decir mas-,es que destruyeron la historia, la verdad y muchas cosas hoy dia solo son imposiciones de conveniencias lo cual le hacen dudar a una pero ojala la sabana pues rasputin, nostradamus, leonard da'vinci y muchos otros incluidos los imperios desde roma, las falsedades las han alimentado y publicitado por su conveniencia y destruido lo real!

  • jorge hugo bertran esparafita (Anónimo)  dice (09 / 08 / 2010):

    se corrieron el peligro , de perjudicar la santa sabana, no pusieron ningun recaudo al excibirla .////
    jorge hugo bertran esparafita (bertranvall)

  • jose antonio (Anónimo)  dice (08 / 08 / 2010):

    Gracias por mandarme este articulo. Un saludo

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