Vettones: el renacer de la cultura celta en la Península Ibérica

Reportajes

La importancia de los nuevos descubrimientos arqueológicos ha producido el renacimiento de un sentimiento profundo hacia las raíces vettonas abulenses que ha permitido conocer algunos de los aspectos más enigmáticos de esta cultura celta ancestral de la Península Ibérica.

Desde el siglo IV al II a. C., los vettones vivían su época dorada en nuestra Península de forma paralela e independiente a la de otros pueblos celtas. Nuestros antepasados habitaban principalmente las tierras salmantinas del centro de España, como la cuenca del Tajo, y, sobre todo, la provincia abulense, en la que destacan los castros de El Berrueco (Medinilla), El Raso (Candeleda) y Las Cogotas (Cardeñosa). Algunos llegaron a formar grandes núcleos urbanos en constante expansión, como el de la Mesa de Miranda (Chamartín), que ocupó 30 Ha, o el de Ulaca (Solosancho), con más de 60 Ha de recinto amurallado.

Además, la provincia abulense cuenta con múltiples manifestaciones simbólicas en forma de esculturas zoomorfas de piedra denominadas verracos y que representan cerdos, toros e incluso jabalíes. Su significado puede ser económico, mágico o religioso, según señalan los arqueólogos.

Realmente el misterio se apodera de estas culturas, que llegaron a ser florecientes a pesar de tener una corta vida (entre el 400 y el 150 a.C.), y cuyos castros fueron abandonados de forma precipitada, por la llegada de las campañas de Aníbal según algunos, aunque su ocaso final se produjo con toda seguridad ante la presión implacable de las legiones romanas.

En ese momento muchos de estos núcleos urbanos, como el de Chamartín, se olvidan y desaparecen, algunos sin dejar rastro, pues con el paso del tiempo se cubren de capas de tierra y restos vegetales, fundiéndose con la Naturaleza y pasando a formar parte del privilegiado entorno en el que nacieron.

Una civilización desconocida

Mucho tiempo después, y casi por casualidad, comienzan a descubrirse estos lugares olvidados gracias al esfuerzo de algunos arqueólogos, como Juan Cabré, que junto a Antonio Molinero inició los trabajos de excavación en 1930.

A partir de ese momento se dieron a conocer algunos aspectos de estos intrigantes antepasados de los que queda mucho por averiguar, y de los que solo vislumbramos una pequeña muestra. Fue una civilización poco conocida que ofrece constantes sorpresas a los investigadores, como ha ocurrido en las sucesivas catas y excavaciones realizadas desde entonces y que continúan en la actualidad.

Coincidiendo con la fiesta de Lughnasadh, durante la primera semana de agosto, se ha celebrado en Chamartín (Ávila) el Primer Congreso Internacional de Arqueología, que ha desvelado hallazgos muy importantes en este lugar de la provincia abulense. Es el caso del trabajo de investigación en el castro vettón de La Mesa de Miranda llevado a cabo por la arqueóloga María Blanco, dirigida por Javier González-Tablas, que ha sacado a la luz vestigios del Paleolítico Inferior y Medio que demuestran la existencia de vida humana en este enclave desde muy antiguo. Algo hasta el momento impensable en esta meseta de la que se pensaba que el clima era tan frío en esa época que no habría permitido estos asentamientos. Y es que la evidencia confirma ahora que el enorme castro se enclavó sobre una posible población existente mucho antes de la llegada de los vettones.

Lee el artículo completo en Más Allá n. 262

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